martes, 22 de mayo de 2018

El humor lleva tu mente a un parque de diversones



Cada vez estoy más convencida que el humor cumple una función muy importante en la vida de las personas. Seguramente te pasó, alguna vez, que te dijeran “nena  ¿te levantaste torcida que estás tan sensible”? o ¿“estás haciendo dieta que tenés ese humor”?

Vayamos por parte, porque se me vienen muchas ideas a la cabeza que tengo ganas de compartir con vos ahora.

El humor de una persona fácilmente se asocia a acciones que se hacen o  dejan de realizarse: de ahí vienen esas frases como: “porque no tiene sexo está así”, o “le vino el periodo y las hormonas le están jugando una mala pasada este mes”.

Ahora bien: ¿vos conocés que es lo que te pone de buen humor? ¿Y qué lo vuelve malo?

Hablar de “bueno” o “malo” hace referencia al efecto que genera en mí: el buen humor me hace bien; el malo me hace mal. Y algo de eso hay, claro ¿a quién le gusta estar de mal humor?

Cuando tocamos este tema se lo suele asociar con la realidad que vivimos, o más bien con la que nos representamos, o cómo reaccionamos frente ella. Te puede pasar lo más maravilloso del mundo, pero ni transmitirselo a tu cara, o podés estar en tu peor momento personal y sin embargo la energía que sentís es tan positiva que no ves nada de malo en lo que te está ocurriendo.

Vas a ver lo que quieras ver, y a actuar en consecuencia, mal que te pese.

Vienen a mi mente muchos dichos conocidos, por ejemplo: “cómo te ven te tratan, y si te ven mal te maltratan, pero si te ven bien te contratan” o “si sucede, conviene”. Frases distintas, pero no menos oportunas para reflexionar sobre la percepción, la visión que tenemos de nosotras mismas, de nuestra vida, nuestro presente, nuestra realidad. ¿Estoy en un momento de plenitud máximo? ¿Logré lo que siempre quise, pero me siento vacía? ¿Debería sentirme feliz? ¿Por qué no me pasa?

Hay nena…. No sabés cómo te entiendo.

Son contradicciones de la vida diaria, de las emociones ¿femeninas? Que nos hacen tan ¿distintas a ellos? Y remarco esto porque a los tipos muuuuuy rara vez podés asociarlos con lo que les está pasando en su presente, ya que generalmente, suelen ser más reservados a la hora de evidenciar las emociones. En cambio nosotras sacamos todo para afuera, todo del interior al exterior, y somos capaces de pasar al extremo opuesto cuando ya logramos lo que tanto queríamos o dejamos de desearlo  una vez que lo conseguimos.

Mi psicóloga me ayuda cuando me nota algo cabizbaja y me aconseja: “hacé lo que te gusta, eso te va a hacer bien” y la pucha que tiene razón, eh! Escribir, cantar, comer, meditar me agrada ¿entonces? Aumento la dosis de eso para levantar mi ánimo si hace falta. Lo útil es poder darse cuenta, identificar lo que no nos gusta o nos pone de mal humor, y aplicar la receta de lo inverso para mejorarnos.

Por eso, a los que te tilden de “malhumorada” “anímate y explícales un poquito que te permitís expresarte, no caretearla con una carita feliz cuando te sentís para el culo, o aparentar que está todo bien aunque te preocupe la guita cuando no llegás a fin de mes.

El humor es parte de nosotros: de ellos y de ellas, de todos. Cada uno hace lo que puede con lo que tiene, o lo que tiene con lo que puede.

Tu mascota, tus amigos, tus hijos, tus viejos, tu tía, tu hermana… son herramientas afectuosas que pueden colaborar en la tarea de conversión de tu chispa, que no sean defectuosas depende de vos!





domingo, 11 de febrero de 2018

¿Actuamos a la defensiva ante un posible ataque de amor?


Muchas veces charlé con amigas sobre el tiempo, la forma, la persona (adecuada o no) y miles de pormenores que se entremezclan en nuestra experiencia del corazón.

¿Cuándo es el momento de enamorarse? O mejor dicho ¿Existe un estado personal que nos acerque a este sentimiento?

Hablar del amor implica involucrar el alma, exponerla a personas que puedan afectar nuestra existencia, y cuando este amor tan deseado por nosotras no existe, o simplemente no es correspondido el enojo nos transforma y confronta con nuestro lado más apenado.

Nos enoja porque el rechazo nos expulsa como el estómago lo hace con la comida que nos cae mal.
Nos ofende y nos quita valor, debilitándonos como la fiebre que nos voltea y hace sentir decaídas durante el tiempo de mayor temperatura.

Nos disgusta al advertir competencia con otras amantes que se postulan y puedan ganar el trofeo pasional.

El amor se convierte en odio cuando nos da bronca el desapego, cuando solo sentimos desinterés y distancia en lugar de atención y  acercamiento.

Cuando estamos mucho tiempo solitarias, nos armamos de una fortaleza que luego es más difícil de derribar, con prejuicios, manías, exigencias que crecen con nuestros años y nos hacen más ¿exigentes? a la hora de elegir un nuevo amante.

Nos podemos volver negativas y frenar de golpe ante la mínima posibilidad de avance de un hombre que nos desee y demuestre al menos algo de interés. 

¿Actuamos a la defensiva ante un posible ataque de amor?

¿La posibilidad de vivir apasionadas nos embarga la razón? ¿Nos vuelve vulnerables o nos quita la seguridad personal?

El temor a sufrir nos puede bloquear hasta el punto de encerrarnos en un ida y vuelta constante con nuestros errores y debilidades más fuertes que nos alejan, cada vez más, del auténtico sentimiento compartido.

Ojalá pudiésemos darnos cuenta de algunas de estas cuestiones antes que nos pasen, o nos permitiéramos dudar pero avanzar, sin miedo a perder o salir lastimadas, porque al fin y al cabo la vida es en parte un poco de todo eso: la cura de la enfermedad, la sonrisa después del llanto y el arcoíris detrás de la tormenta.



domingo, 22 de enero de 2017

De a dos

Siempre escuché decir que hay que estar segura antes de dar el gran paso en la pareja,  que se siente “Confianza” o “certeza” cuando se lo da, pero ¿Es inadecuada la incertidumbre que acarrea el cambio? ¿Se supone que el amor trae aparejada la fe en la unión?

Conocer por completo el sentimiento ajeno es una búsqueda utópica del amor perfecto, tan irreal como el de las novelas o cuentos de historias pasionales de príncipes y princesas.

Carecer de solidez es tan normal, sobre todo al inicio de la relación, como experimentar el miedo inevitable que se percibe al primer instante de todo.

Esperar garantía es demandar de una forma egoísta la reciprocidad pasional, como si se tratara de una cuestión de vuelto monetario que uno espera sí o sí a la hora del dar y recibir.

Necesitar estabilidad es como saltear la hipoteca y pedir prestado dinero a un amigo en lugar del banco, achicando el margen de error y riesgo al más alto nivel.

Estar en pareja no es lo mismo a estar emparejada. Estar en pareja significa hacer el viaje acompañada, ir juntos, de manera independiente hacia un destino compartido. Estar emparejada quiere decir  depender del otro para dar el paso, para caminar, cuando en realidad quien camina es cada uno, pero a la par.

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miércoles, 18 de enero de 2017

NI

A veces hay asuntos que aceptar, aunque el mensaje venga dado mayoritariamente por contraejemplo más que por el patrón convencional al que estamos acostumbradas a recibir.

Asimilar NO cumplir el rol de madre, pero SÍ el buena madrina.

Aprender a NO ser esposa; eventualmente SÍ fogosa amante.

A NO ser Jefa, pero SÍ una aplicada practicante.

NO ser dueña,  sólo inquilina.

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domingo, 4 de septiembre de 2016

¿Cómo arriesgar sin miedo a perder?

¿Qué piensa una mujer moderna respecto de su elección de vida?

¿Se replantea sus decisiones, omisiones, responsabilidades? ¿O simplemente actúa como revelación al modelo convencional del género?

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jueves, 16 de julio de 2015

¿Necesitar o desear?

Me siento vulnerable, podría afirmar que es directamente proporcional con mi crecimiento etario.

Mi tolerancia se encuentra suspendida, muy en el fondo de mi razón, y desde hace un largo tiempo no encuentro argumentos valederos para cambiar mi actitud.

¿Negativa?

¿Realista?

¿Afligida?

¿O simplemente la revolución hormonal de la ovulación femenina mensual me está jugando una mala pasada esta vez?

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martes, 28 de abril de 2015

Cambio el no por un SÍ


¿Dónde y por qué surge el cambio femenino?

Muchas veces escuché decir a mis amigos que cuando la mujer va a la peluquería y se hace un cambio de look radical lo que está buscando en realidad puede variar desde el hombre que la acompaña hasta el trabajo, lugar de residencia o hábitos alimenticios.

Hoy me detengo en esta cuestión: sí, la del cambio, casi permanente. Y lo hago porque también en mi presente quiero renovarme.

¿Será que la rutina nos castiga, poniéndonos de mal humor?

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